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Una nueva faceta de Andrés Calamaro, fotógrafo taurino

Written by on 2 agosto, 2021

Presentó en Madrid y Nueva York sus fotografías sobre el mundo de las corridas de toros. Y lo contó por radio.

En un nuevo capítulo de su pasión por la tauromaquia, Andrés Calamaro cambió su rol de músico por el de fotógrafo y presentó una muestra sobre toreros, corridas de toros y situaciones referidas a esa actividad.

Se trata de una selección de fotografías en blanco y negro de pequeño y mediano formato que tomó Calamaro en corridas de toro en México y España, en las que priman el misterio y la emoción, curadas por el crítico argentino radicado en Inglaterra Rodrigo Cañete.

Desde Madrid, Calamaro habló y contó sobre esta otra faceta de su actividad artística, aunque supo también cómo relacionarla con la música. Cabe recordar que acaba de ganar un Premio Gardel al mejor dueto por la interpretación de Bohemio, junto a Julio Iglesias.

-¿Qué relación encontrás entre la música y los toros?

-La relación existe, no solamente porque existe un género musical específico, como son los paso dobles taurinos, sino como materia sutil: los toros y el flamenco son prácticamente lo mismo. El punto en común es el corazón y el compás, el garbo, la elegancia, la forma de sentir las cosas y la interpretación. Es una coincidencia metafísica profunda, que le da sentido a la cultura humana. La interpretación en cuerpo y alma.

A diferencia de la pintura (hay que recordar que los cuadros en el Museo del Prado están pintados hace trescientos años), la música, como la tauromaquia, es arte en movimiento, ocurriendo ahora mismo, más allá de que pueda filmarse una corrida de toros, comentarse, estudiarse, escribirse en libros, analizarse. Lo mismo que ocurre con el cine a diferencia del teatro y con los discos, a diferencia de la música en vivo.

-¿Por qué te decidiste a hacer una muestra como Devenir Toro?

-Habiendo sacado fotos con un motivo, después de desarrollar un reportaje vital y dedicado varios años al conocimiento de un tema, lo hice desde una apreciación metafórica más que estética. Algo parecido a lo que hacemos nosotros procesando música o cualquier otro cultivo de apreciación cultural, popular o exquisita. En el caso de las fotos en una galería de arte es distinto a preparar un libro de fotografías. En la tauromaquia, la selección responde a lo que es el toro en sí mismo, lo que es el toreo, y por supuesto los detalles que hacen a una foto buena, técnicamente o visualmente.

Para exponer fue clave la curaduría de Rodrigo Cañete, encontrando un grande pretexto para hacer una exposición de arte con fotografías. Por supuesto, que el arte plástico no son solamente óleos y esculturas y desde los años sesenta existen otros tipos y formas heterodoxas de presentar el arte plástico. Y la fotografía es una.

Rodrigo fue muy delicado, muy fino, erudito y exquisito en el texto curatorial, donde explica el ámbito, el toro en el arte y después un poco por qué soy yo y cuál es el quid de la cuestión habiendo sido nosotros rockeros después de Malvinas en los ’80. Una metáfora para las metáforas, curaduría de alto vuelo artística, plástica en este caso, y que le dio sentido a ser una exposición y que sea más que veinte o treinta fotos que están buenas.

-¿Qué repercusión tuvo la muestra?

-La repercusión de una exposición de arte es muchísimo menor de la que tienen otras cosas sin importancia, tonterías que vemos por tele, conciertos sociales, políticos y culturales ridículos para las masas, discusiones sin importancia, cerradas al debate. La repercusión normal de una exposición de arte es elitista. No sé si existen suplementos culturales que comprendan, analicen, ni siquiera anuncien las exposiciones de cuadros fuera de un ámbito que tampoco es el nuestro.

Pero Devenir Toro coincidió con el mes de mayo, el Santoral de San Isidro, algo así como la fecha patria de Madrid, además del 2 de mayo -una fecha histórica, napoleónica-. El 15 de mayo es una fecha muy torera en Madrid. Este año no hubo feria de San Isidro en Las Ventas, el hecho monumental taurino, pero sí hubo una feria interesante de toros y novilleros en el Palacio Vista Alegre, que es una plaza cubierta en el barrio de Carabanchel. Y bueno, vinieron los medios específicos, lo que existe de radio y televisión taurina. Y también vinieron ganaderos y maestros toreros de primerísima categoría como Alejandro Talavanté y Paco Ureña, triunfadores de San Isidro.

-La tauromaquia genera también un fuerte rechazo en un sector de la población. ¿Hubo muchos que te hicieron saber que no estaban de acuerdo con tu pasión o con tu muestra?

-Todo el tiempo hay personas que nos están haciendo saber lo que no les gusta, lo que les ofende, lo que los lastima, lo que les hace mal. La crítica como aliada de la queja se instaló como una epidemia. Como otra epidemia que afecta muchísimo a la salud de la cultura. La gente se queda con lo que no le gusta, con lo que rechaza, con lo que detesta o aborrece.

Y en el trámite muchas personas se olvidaron de ir al cine a ver cine, de abrir un libro para leer, de escuchar un disco completo, de que existe el debate y el disenso de opiniones… La opinión ya forma parte de un show vulgar y superficial. Y a mí me importa nada en el buen sentido. Importan demasiado algunas cosas de una forma frívola, superficial, ingenua, todo eso al mismo tiempo, que conforman al mismo tiempo una especie de fanatismo cultural ridículo.


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