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Hernán Cattaneo: “El mejor regalo que te podés hacer es vivir afuera, todos los argentinos deberían tener esa posibilidad”

Written by on 15 febrero, 2021

El reconocido DJ está convencido de que abrirse a otras sociedades traería grandes beneficios. La visión desde el corazón de la música electrónica de un hombre que idolatra a Messi y a Guardiola y ya no quiere saber nada con volver a la Bombonera.

El joven Hernán Cattaneo que estaba descubriendo Londres arrojó un cigarrillo por la ventanilla de su coche. Era el año 2000, y al instante entendió que algunas cosas que hacía sin pensar en Buenos Aires ya no las podría hacer más en su nuevo hogar. Veinte años después, Cattaneo vive nuevamente en Argentina, y aquella anécdota que lo marcó le sirve de pie para una reflexión que llama la atención, pero que argumenta con solidez: el Estado argentino debería subsidiar a todos los ciudadanos para que, de jóvenes, tengan la posibilidad de vivir uno o dos años fuera del país.

“Probablemente seríamos todos mejores argentinos y este país tendría un poco más de esperanza”, dice el reconocido DJ durante una entrevista con Infobae en la que toca múltiples temas: la pandemia, la Argentina, la felicidad que le genera su trabajo a los 55 años, el estigma de las drogas en la música electrónica, su devoción por Lionel Messi y Josep Guardiola y las razones que lo decidieron a no volver nunca más a la Bombonera.

– Viviste 14 años fuera del país, en Inglaterra y España, y volviste. ¿Qué les dirías a aquellos que hoy están pensando en dejar la Argentina para hacer una experiencia en otro país?

– Yo siempre tuve la sensación de que a todos los argentinos, cuando nacen, el gobierno debería darles un voucher para que, en lo posible, antes de los 25, vivan afuera y experimenten lo que son otras sociedades. Todos los argentinos deberían tener esa posibilidad. Y que después vuelvan. Probablemente seríamos todos mejores argentinos y este país tendría un poco más de esperanza. Cuando viviste afuera te transformas en otra persona. Cuando viviste afuera un tiempo te das cuenta de que sos otra persona. Yo de joven fumaba, y tiraba el cigarrillo por la ventana, sin dudarlo. Llegué a Londres y era inaceptable. En menos de un año me civilicé.

– ¿Por qué los argentinos suelen portarse mejor fuera de casa que en su propio país?

– Es esa discusión de si el problema somos nosotros como sociedad. Individualmente somos diferentes. Afuera nos destacamos. El mejor ejemplo es la selección nacional, afuera son todos estrellas, pero en la selección se complica.

– Londres es la meca de la música, y en los años que estuviste allá, Barcelona lo era del fútbol. ¿Con qué te quedás?

– Me quedo con Londres porque la música es mi vida, desde que tengo uso de razón estoy loco por la música. Fueron muchos años de lucha, acá ser disc jockey no tenía impacto, aquí a casi nadie le gustaba la música house, ibas a discotecas y estaban vacías, te decían que tenías que cambiar de música… Y eso para nosotros no entraba en discusión, éramos muy radicales con lo que nos gustaba. Era todo con viento en contra. Me voy a Londres y era al revés, lo que yo hacía estaba totalmente estandarizado, escuchabas música electrónica en el supermercado, en el colectivo. Acá hacíamos peripecias para conseguir discos importados y allá te los mandaban gratis y te pedían por favor que los pusieras. Londres era la meca entonces. Del fútbol, en cambio, yo soy hincha de Boca de toda la vida, pero lo que me pegó del Barcelona fue ese equipo de Messi, Xavi, Iniesta, Busquets, Alves… No me volví a enganchar con el fútbol, desde que se fue Pep ya no fue lo mismo. Era mi ídolo, no sólo en el fútbol, también en la forma de expresarse, su actitud. Fue el que hizo que Leo se convierta en lo que es.

– Guardiola era un DJ del fútbol, sabía mezclar los jugadores.

– Totalmente, totalmente. Como nadie. Y tenía algo que no hemos logrado tanto en Argentina, que es que los jugadores se comprometen totalmente con el técnico. Ese fútbol es una cosa que nunca volví a ver.

– Tenías asiento en el Camp Nou en aquellas cuatro mágicas temporadas del 2008 al 2012…

– Sí, tuve suerte. En aquella época había bastante crisis económica en España, nada que ver con nuestras crisis, pero para ellos era una crisis. En el Camp Nou no hay lugar, hay 80 o 100.000 personas en lista de espera para comprar un abono. Había gente mayor que te alquilaba el abono para no perderlo. Lo hacía todo el mundo. Iba siempre a la Champions y cuando jugaba los domingos, porque los sábados yo trabajaba. Llegaba el domingo, almorzaba con la familia y me iba a la cancha. Y para los europeos la Champions es más importante que el Mundial, no hay duda de eso. El Barcelona, para los catalanes, es su selección nacional. Fueron años increíbles… Pero la música, en mi vida, está obviamente por encima del fútbol.

– ¿Te creíste el personaje de Mourinho?

– En su momento me lo creí. Creo que incluso Pep se lo creyó, pero el que siempre actuó es Mou, y me saco el sombrero. Hoy dice cosas que me gustan mucho, de lealtad, de nobleza. Este no es el tipo que detestaba, me digo. El Madrid necesitaba parar a ese Barcelona como fuera, y el tipo lo hizo. Pero por eso me identifico con Pep: él necesita ganar jugando como él cree que hay que jugar. Soy igual con la música.

– ¿Cómo vivías en Barcelona las críticas a Messi en Argentina?

– Me parecía increíble, pero me di cuenta de que había amigos míos, gente inteligente, que lo criticaba. Lo que hizo y lo que hace Messi al día de hoy… Tuve la suerte de que me mudé a Barcelona en 2006 y agarré en 2008 esas cuatro temporadas gloriosas y esa batalla dialéctica de Pep con Mourinho. Yo tenía abono en el Camp Nou, y lo único que quiero para Leo es que sea feliz. ¿Es verdad que en Argentina lo critican?, me preguntaban. Me daba vergüenza decirles que sí.

Foto de archivo del delantero de Barcelona Lionel Messi abrazando a Pep Guardiola tras marcar ante Espanyol por la liga española en el Nou Camp
Foto de archivo del delantero de Barcelona Lionel Messi abrazando a Pep Guardiola tras marcar ante Espanyol por la liga española en el Nou Camp
– Soñaste con un Guardiola dirigiendo la selección argentina, ¿no?

– Sé que nunca va a pasar. No veo a Guardiola atraído por trabajar para la AFA, que es un papelón como se maneja. Creo que Argentina y Brasil no se permiten tener técnicos extranjeros.

– Y eso que a Guardiola lo sondearon antes del mundial 2014, estuvo esperando en Nueva York la llamada de la Confederación Brasileña de Fútbol…

– ¿Vos decís que sí? Pero un tipo que está acostumbrado a trabajar de la forma que se trabaja en Europa, cuando ves cómo funcionan las cosas acá…

– Es que a veces te cansa la perfección europea y querés aventura…

– Es como si a mí me ofrecieran trabajar en una discoteca de atmósfera increíble, con un equipo malo, mal pago… Pero hay un caso, en Ucrania, el festival Kazantip, que para llegar tenés que tomarte cuatro aviones. Y vas, porque tiene una atmósfera que no ves en ningún lugar. Me cuesta pensar lo de Pep en la selección argentina, pero ojalá.

– Le has dicho a Juan Pablo Varsky que de chico eras muy malo jugando al fútbol. ¿Lo seguís sufriendo?

– No, ya no, ya no juego porque la verdad que ni lo intento. Pero sufría muchísimo, me encantaba el fútbol y tenía la suerte de vivir frente a un parque. En los ’70 lo único que se hacía era jugar de la mañana a la noche al fútbol. Cuando uno es chico, el valor de uno es directamente proporcional a cómo juega el fútbol. A mí me salvó la música, empecé a hacer fiestitas, a poner música, y eso me dio cierto valor. A mí el fútbol me deprimía mucho. Jugar mal al fútbol cuando sos chiquito es una tragedia, es lo peor que te puede pasar. Gracias a dios o a Buda, a los 12 años puse música por primera vez. Me abracé a eso y todavía estoy acá.

– Tu paso por las canchas argentinas incluye un piedrazo en la de Vélez, ¿es así?

– En el entretiempo de un partido me cayó un piedrazo desde la bandeja, me pegaron con la gotita en la ambulancia y me mandaron a mi casa. Y Boca… Cuando volví de Europa no iba a la cancha, pero un amigo me convenció de ir a ver un partido con River en la Bombonera. Yo estaba acostumbrado al Camp Nou, que es como el Teatro Colón. Y cuando volvés a Argentina tras mucho tiempo viviendo afuera todo el mundo te habla de la inseguridad, de la violencia y de que tengas cuidado. Este amigo me dijo que tenía estacionamiento dentro de la cancha. Bueno, ya no me puedo negar, me dije. Esto fue en 2015. Recuerdo que filmaba la salida de Boca a la cancha para decirles a mis amigos españoles que eso es el fútbol de verdad, y no el de ellos. Estaba entusiasmadisimo, pero en el entretiempo llegó el tema del gas pimienta, y me sentí muy incómodo, porque ahí de golpe se me cayó la Argentina encima.

– A esto también volví, te dijiste.

– Claro. Porque yo quería que ganara Boca, y si era posible con un gol de caño, mejor. Pero la gente en la cancha lo que quería era que los de River se murieran, no ganarles. Si podían entrar y matarlos lo hacían. Y me di cuenta de que yo no tengo nada que ver con eso. En una hora me cambió la perspectiva totalmente. En el palco había un padre con su hija, de unos diez años, y el padre estaba enajenado. A mí me mataba la cara de la hijita viendo a ese padre desaforado. Me pareció horrible. No quise tener nada más que ver con eso y no volví nunca más a la cancha. Era en el palco, el tipo estaba perfectamente vestido. No era la barra brava. Cuando voy a Europa voy a ver partidos de la Champions. Ahora soy hincha del fútbol, mucho más que hincha de Boca. No soy hincha del Liverpool, pero me gusta ver a los equipos de Klopp.

– Puede decirse que volviste feliz al país y el fútbol argentino te expulsó.

– Sí, y lo digo con tristeza. A mí de chico me gustaba el fútbol, a mi papá ni el fútbol ni la música. Una sola vez me llevó a la cancha, y lo vi tan disgustado, tan sin disfrutar, que nunca más se lo pedí. Hoy sería feliz de tener un abono en la cancha de Boca, pero siento que eso ya no existe, que no tiene sentido.

– Cuando estás poniendo música y ves a la gente, ¿qué ves?

– Emoción, la emoción de la gente. A veces tenés un mar de gente, pero tenés a algunos más cerca. La música que yo pongo tiene bastante melodía, y es bastante emocional. Ver que podés sorprender a la gente y hacerle vivir la música es algo que te vuelve al contado y de inmediato. Si mañana se acaba la pandemia y podemos volver a bailar todos juntos como nos gusta no voy a volver a pensar en hacer otro streaming.

– Cuando pasás seis o más horas tocando, muy en silencio, tendrás ganas de hablar…

– De chico era muy tímido, no hablaba nada. Ahora necesito hablar. Pero soy un bicho medio raro. Mi mujer me dice, ¡dejá hablar a los demás!

– ¿Qué te enseñó 2020?

– Lo que más aprendí a nivel personal en la pandemia es que a mí me gusta tener todo planeado y ya no es así. Yo, en enero, ya sé cuántas horas voy a poner música en Luxemburgo el 30 de noviembre. Esto no va más, muy a mi pesar. La pandemia nos dejó claro que es hoy y ahora. Todo lo de 2020 se cayó y todo lo de 2021 se está por caer.

– Hay gente que sostiene que un DJ es hoy como Moisés o Jesucristo, que es alguien que predica con la música.

– Soy un DJ, definitivamente. También soy productor musical y otras cosas, pero mis logros han sido como DJ. De lo de Moises y Jesucristo no me hago cargo. Me di cuenta, ya de chico, de que la gente bailaba con mi música, y me encantó. Me salí con la mía de, a los 55 años, poder hacer feliz a la gente. Por eso, de Jesús nada, el que se ganó la lotería soy yo. Jesús se sacrificó, yo no. Soy un privilegiado, de los pocos, menos del cinco por ciento, que puede hacer lo que le gusta y además le va bien. Tuve la bendición de saber desde chiquito qué me gustaba. Y eso me permitió ir contra todo y avanzar. Era un inconsciente, un loco. Recién a los 13 o 14 vi a Alejandro Pont Lezica, un grande de esa época, pero no había nada que me avalara para tomar el camino que tomé. Tengo muy claro el valor que tiene el tener una pasión. Cuando mis amigos se iban de joda yo me iba al boliche a practicar, porque quería ser el mejor.

– Y cuando podías ahorrar, viajabas para aprender, ¿no?

– Sí, me iba dos o tres días a Estados Unidos, en el vuelo más barato que hubiera, el del Lloyd Aéreo Boliviano con 40 escalas, y dormía a 50 dólares la noche en el YMCA en Manhattan, cerca de los boliches. Iba tres días, porque no tenía plata.

– Y en esos años ’80 no había Internet, ¿cómo sabías quién tocaba en Nueva York y en qué día ir?

– Había revistas especializadas, pero me pasó una vez de ir a Manhattan y que ese fin de semana no tocaba el que quería ver, y yo no lo sabía. Habré hecho diez veces ese viaje a Nueva York a mis 20 años. Tiempo después puse una disquería con la que me fue pésimo, pero tenía la excusa de viajar a comprar discos.

– El DJ de los 70 y los 80 estaba más oculto, hacía quizás menos cosas en un sentido y más en otro. El de hoy está en el centro de la escena, ¿cuál modelo te gusta más?

– Soy una mezcla de los dos, una persona de perfil bajo. Está el que se para en el medio y le tira tortas a la gente. Cada uno elige qué DJ quiere ser. Lo que importa es lo que salga por los parlantes. Yo trabajé mucho con Paul Oakenfold, que es el que inventó esto de los DJ superestrellas, llevarlos de la discoteca al estadio. Él había girado mucho con U2, y pasó mucho tiempo con el manager para entender cómo los había convertido en estrellas.

– Fue el primero que se preocupó por el negocio.

– Exactamente. Antes los festivales eran de rock, no eran de música electrónica.

– Y Oakenfold te abrió puertas importantes, ¿cómo fue eso?

– Tocaban los Chemical Brothers en Museum. Eran la banda de electrónica más importante del mundo. Y tocaba Oakenfold. Normalmente el DJ toca primero y luego la banda, pero los Chemical querían tocar temprano y no había caso. Oakenfold no iba a tocar inmediatamente después de los Chemicals, con la gente prendida fuego, pero cansada, entonces me llamaron a mí para tocar en el medio, entre los Chemicals y Oakenfold. Yo tenía una hora y media, la gente no daba más. Lo que hice fue dormirla, no ponerlos a bailar. Puse música muy tranquila. La gente estaba indignada, me tiraba con lo que tenía, pero a mí no me importaba. Tenía 30 años y ya tenía oficio, sabía que lo que la gente necesitaba era eso. Cuando llegó el momento del show de Paul, fue un boom. Hoy se lo lee como un favor a Paul, pero para mí era lo que había que hacer: darle descanso a la gente para que pudiera explotar con el show de Paul.

– ¿Y qué pasó tras ese show?

– Lo que yo no sabía era que Paul había estado escuchando. “Qué buen gesto tuviste, no me voy a olvidar de esto”, me dijo. Y a los tres meses me invita a ser telonero de sus shows, telonero del número uno del mundo. No lo había ni soñado. Eso fue en 1999 y me cambió la vida, la carrera. Pasé de ser DJ nacional a ser DJ internacional. Muchos agentes me dijeron que si me iba a vivir a Londres me llenaban de trabajo. Y me fui a vivir a Inglaterra. Recuerdo que yo era el DJ residente de Pachá en Buenos Aires, hablé con el dueño para que me tuviera en cuenta cuando volviera… Volví 14 años después, casado y con hijos y Pachá ya no existía. Pero no fue una estrategia, yo siempre fui muy cabezadura, para mí hay que hacer lo que está bien.

– En 2018 y 2019 te eligieron como el mejor DJ del mundo en house progresivo. No todos los lectores saben qué es el house progresivo. ¿Qué es?

– Arranca en el rock progresivo, y tengo que decir que yo tenía dos hermanas mayores que me ponían Pink Floyd todo el día, algo que siempre se los agradezco. El house progresivo es una música que arranca suavemente va creando un clima cinemática, voladora, nunca muy violenta, nunca muy agitadora, es todo muy mental. Son sets largos, cinco, seis, diez horas. Una vez al año hacemos una maratón de 20 años en Canadá. Hay gente que identifica la música electrónica como manos arriba, yo no voy por ahí. A mis fans les encanta la plancha, pero otros dicen que Cattaneo te duerme. Yo hago un collage que tiene mucha coherencia musical sin grandes saltos. Las canciones están muy metidas dentro de las otras. Hoy tenés la posibilidad tecnológica de dejar un pedacito de canción en el fondo por dos horas, casi subliminalmente.

– La tecnología impulsó a la música electrónica, hizo que ustedes llegaran a lugares impensados. Un exceso de tecnología, ¿podría matar a la música y a los DJ?

– Como DJ, a la tecnología la abrazo y siempre trato de ver el lado bueno. Tengo claro que hoy hago cosas que antes, con dos o tres bandejas y vinilos no podía hacer. Sí tengo dudas con el tema de la distribución, spotify y esas cosas. Cuando las compañías discográficas ganaban muchísimo dinero, invertían mucho de ese dinero en desarrollar nuevos artistas, y eso hoy no existe. En esas épocas se hacían tres o cuatro álbumes a la espera de tener un gran artista. Hoy, si no les llevás un hit inmediato no te firman un contrato. Es muy difícil que un grupo de chicos solos lleguen al nivel que habrían llegado acompañados y madurando. En el fútbol, sucede lo mismo, chicos demasiado jóvenes que saltan a Europa sin estar preparados. Creo que en lo que tiene que ver con la distribución, la tecnología ha hecho que el 90 por ciento de la música funcione como un supermercado. El algoritmo hoy busca cómo ganar más dinero, no como hacer mejor música.

– Hace un par de años, durante una cumbre de la industria de la música electrónica que se celebró en Ibiza se habló de la crisis de salud mental en el mundo de la música. Se acababa de suicidar Avicii.

– Yo creo que eso le sucede a toda la gente que tiene éxito, y a otros también. Hay cuatro pilares en una carrera. Uno es talento y esfuerzo, otro es tener algo de suerte y con eso llegás al éxito. El cuarto es el más importante: estar bien rodeado, si no estás bien rodeado, ese éxito es más peligroso que beneficioso, y eso es lo que le pasó a Avicii, que tenía 25 años, ganaba 70 millones de dólares por año y era infeliz.

– El padre de Avicii contó que hacía 813 conciertos en ocho años y actuando en cuatro continentes en una semana.

– Yo hacía eso, cien conciertos por año. El tema es estar bien rodeado. La pregunta es qué hacés antes y qué después. Si me preguntás a mí, yo duermo. Antes y después. En cambio, si te vas de fiesta antes y después de cada concierto, ahí se complica… Yo le preguntaría al padre de Aviici: en el documental, que dura 90 minutos, y en el que el chico aparece en muy mal estado, el padre no aparece nunca a decirle, basta hijo, vení conmigo, tomate un año sabático. ¡Avicii tenía 22 años y pancreatitis! ¿Donde estuvieron el papá, la mamá, la novia y los agentes? Los amigos solo querían subirse a un avión privado a beber gratis. Pero me importa decir esto: no es un problema de los DJ. Porque si ves el documental de Amy Winehouse te preguntas qué cómo la dejaron sola en el departamento. Y el padre, que cuando ella necesitaba una desintoxicación le cae a la isla con un equipo de TV a filmar un reality. O Jim Morrison.

– O el propio caso de Diego Maradona.

– NI hablar. O el de Michael Jackson, aunque a ese ya no lo miro con los mismos ojos.

– ¿Vos siempre estuviste bien rodeado?

– Buenos amigos y buenos managers. Y la familia es el mejor ancla que podés tener. Yo llego a mi casa de viaje y la que me abre la puerta es mi hija. Pero más allá de todo eso, yo no me drogo, yo no tomo alcohol, yo no hago nada. NI champagne, ni vino, ni cerveza, a lo sumo me tomo un daiquiri un día. No me gusta el sabor a alcohol.

– Y eso, en el mundo de la música, ¿te convierte en un bicho raro?

– Cuando vivía en Inglaterra, sí. Todo el tiempo te ofrecían cerveza, cada cinco minutos. Decía que no y entonces pensaban que tenía un problema de adicción, que me estaba desintoxicando y me pedían disculpas. Cuando pasan los años ves quienes siguen activos, y ves que son los que más se cuidan. Tomar no es ningún pecado, está en ver cuánto y qué. No discuto si tomar drogas está bien o está mal. La gente las toma igual. Lo que hablo es de los que las toman con algún criterio o sin ningún criterio.

– Al mundo de la música electrónica se lo relaciona con las drogas sintéticas. Hay una relación automática. ¿Justa, injusta?

– Me parece una hipocresía. ¿Hay drogas? Por supuesto que hay. Pero también las hay en el rock, en el pop, en la política, el deporte y en la cumbia. La diferencia es que al público electrónico no le importa negarlo, y los otros son más hipócritas y señalan a las fiestas electrónicas. ¿Acaso en los demás no? Vamos… Hay drogas en la música electrónica, pero también hay drogas en las demás cosas. Señalan a la música electrónica, eso es cierto. Yo he tenido reuniones con el Gobierno de la ciudad para prevenir y sobre todo acompañar. ¿Nos vamos a hacer los tontos y decir simplemente que está mal, que no se puede? ¿Que el que lo hace es un irresponsable y marche preso?

– En España se analiza la calidad de las drogas en las fiestas. La gente las lleva a unos stands en las fiestas y les dicen qué están tomando.

– No te voy a decir quién, pero cuando le comenté eso a un funcionario acá me dijo que si hace eso lo echan. Pero sí, en Europa funciona así, hay ONG que informan, porque la gente lo va a hacer igual.

– Mucha gente dice que la experiencia con la música electrónica no es la misma estando sobrio que habiendo ingerido alguna sustancia.

– Mirá, yo tengo tres hijas. Te juro por las tres que no tomé nunca una pastilla.

– No estás entonces en condiciones de responder a esta pregunta.

– Mirá la carrera de música que hice. Te dicen que la música electrónica sin drogas no es posible. Bueno, evidentemente no es así, si no yo no estaría acá. Esto es simplificar cosas que no tienen que ver con la música, sino con la sociedad, con el ser humano. Lo que me da bronca es que en Europa ya vivieron esto, ya lo hicieron. No es que sean mejores que nosotros. Muchos de los mejores festivales del mundo son en Holanda. ¿La gente toma drogas? Si. ¿Se muere alguno? No se muere ninguno. Yo seguiría el camino de los que más saben.

– El camino de Holanda, el de España…

– ¡Sí! Porque la gente lo va a hacer igual. Todos sabemos que el que tomó no tiene que manejar. ¿Viste alguna vez una campaña fuerte en contra de drogas de diseño? Nada. Yo soy DJ y soy consciente de que la gente viene a los conciertos y hay que darle la información, pero acá hay estratos más importantes que deberían hacer algo en vez de decir esto no se puede. Somos muy simplistas. Ahora la moda es contra los rugbiers. Hay de todo, rugbiers violentos, rugbiers no violentos, gente que toma drogas en fiestas electrónicas, gente que no, y gente en la cumbia que toma esa jarra que no sé como se llama. No podés generalizar, pero hay que ser responsables.

– Estás viviendo de nuevo en Argentina hace ya unos años, pero da la impresión de que la seguís mirando desde afuera.

– Sí y no. Yo soy una persona optimista, pero voy perdiendo el optimismo, porque veo que nos entrampamos cada vez más en las mismas cosas irrelevantes, en las peleas que no tienen sentido en vez de tratar de encontrar en qué estamos de acuerdo. Y a su vez, como alguien que ha viajado muchísimo, me deprime y amarga ver como lugares con muchísimo menos que nosotros y que están mucho mejor que nosotros. ¿Cómo es que ese país que no tuvo a Favaloro, a Messi, a Maradona, a Ginobili, que no tiene Cataratas, ni Bariloche está tanto mejor que nosotros? Me deprime. Lo que podríamos ser y no somos. Todos los gobiernos echándole la culpa al anterior. Estoy muy decepcionado con todos los gobiernos de la Argentina. Casi que no recuerdo un gobierno bueno que hayamos tenido.

– ¿Vas perdiendo la esperanza?

– Casi que ya la perdí. Porque es muy difícil agarrarse de algo. Ves gente valiosa individualmente, pero los resultados no dan bien.

– No sé si a Alberto Fernández le gusta la música electrónica, ¿pero si pudieras darle un consejo qué le dirías?

– Uffff… No sé. No sé. Supongo que debe tener tantos problemas urgentes… Y solo soy DJ, y si me dijesen si quiero un puesto en la política diría que no. Me han hecho algún tanteo sutil. Y yo ni sabría por dónde empezar. España también es un país super dividido, pero hay cuatro o cinco cosas que no se discuten, que son siempre iguales gobierne quien gobierne, porque son las que necesita el país. Yo no creo que todo lo que hizo el kirchnerismo esté mal ni que todo lo que hizo Macri estuvo mal. Pero el país es como un gran partido de fútbol. Y a nadie le importa el bien común.

– Volvemos a lo del principio: matar al otro.

– Tal cual. Y así es que vamos perdiendo la ilusión de que algún día cambie.

– ¿Volverías a vivir afuera?

– Tranquilamente podría vivir en otro lado. No en cualquier lado. Si me fuera de acá me iría a un lugar en el que sienta cierto espíritu latino. Podría vivir en Grecia, donde la gente es muy parecida a nosotros. España me gusta, Madrid me encanta. Si volviera estaría en Madrid más que en Barcelona. Y mi mujer y mis hijas son iguales, se sienten bien en todas partes del mundo. Estamos bien acá pero podríamos estar bien en otro lado.

– ¿Por qué?

– El mejor regalo que uno puede hacerse a uno mismo es vivir afuera un año o dos. Si son chicos jóvenes irse a estudiar o terminar la secundaria y hacer la universidad o trabajar. Está lleno de chicos argentinos por el mundo, en Australia, Canadá, me los cruzo siempre. En todas partes del mundo: sobre todo porteños, cordobeses y marplatenses. Los ves felices y ves que solo podés mejorar estando un tiempo afuera, mal no te puede hacer, Volvés mejorado. Yo era el que tiraba el papel por la ventana y ahora no lo hago más. Pero aprendí de civismo. Vas afuera y ves que hay políticos mejores que los nuestros, volvés y podés exigirles. Te parás del lado de la verdad, no del que te quieren vender. Cada uno encuentra su lugar, pero vivir afuera es un plus. Yo a mis hijas, cuando termine la secundaria, les diría que se vayan un par de años afuera. Dos de mis hijas nacieron afuera, pero son argentinas, y quería que lo fueran. Que se conectaran con la familia y los amigos, que son de las mejores cosas que tenemos como sociedad.

Fuente: Infobae.


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